Gogol Bordello - “Start Wearing Purple”
(Fuente: youtube.com)
Gogol Bordello - “Start Wearing Purple”
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“En Perú, (Girondo) conoce a César Vallejo, pero sin que lleguen a verse las caras: ‘Pensaba desembarcar en El Callao y le había avisado a Vallejo que me estaba esperando en el muelle; pero mi barco no pudo arrimarse porque se había desencadenado una tormenta tremenda. Vallejo, enterado de esto, se arrimó a una lancha y yo no lo veía porque estaba muy oscuro, pero oía que me gritaba, ‘Girondo, Girondo’ y yo le gritaba ‘Vallejo, Vallejo’, pero no pasamos de ahí’”.
Francisco Urondo, En la másvida, Veinte años de poesía argentina y otros ensayos, Mansalva, 2009.
Mañana comienza el Segundo Festival de Poesía en la Escuela 2011. El miércoles leeré en el Liceo 1.
(Fuente: youtube.com)
Mañana presentan la revista del II Festival de Poesía en la Escuela.
El texto que sigue es el que escribí para la publicación:
Presencia de la música
Mis padres eligieron darme el nombre de Alejo, por Carpentier; Jacobo, por Regen; y Manuel, por Castilla. Así ando, con un cubano y dos salteños dando vueltas por la vida.
En la casa donde me crié había una biblioteca grande. En mis primeros contactos con los libros, la poesía me resultaba extraña. Pero algo me llamaba la atención: la música de las palabras. Podía no entender ni un solo verso, pero me fascinaba el encanto que permanecía en mis oídos.
Siempre busco la música cuando escribo o leo. Hay música en todos lados. En la calle, en el campo, en un taller, en los diálogos de las personas.
Y la poesía también es música porque sin el silencio sería imposible. El silencio es otro de los recuerdos de mi infancia. Y en ese mundo, la poesía me llenó de presencia.
Cuando era chico, un poeta, amigo de mis padres, cada tanto aparecía por casa. A cualquier hora, sin aviso. Se quedaba con nosotros una o dos semanas. El hecho de que no avisara su llegada ni su partida, me descolocaba por completo. Pura incertidumbre. Ese hombre era diferente. Me gustaba su libertad, aunque no la comprendía. Pero en él habitaba la música, la misma música que escucho en los poemas de Regen y de Castilla.
En la novela La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, la encargada de un edificio de departamentos de lujo es invitada a cenar por uno de los vecinos, un japonés amable y discreto. Esa noche, la portera, que luce muy elegante, se sorprende porque unas propietarias del inmueble no la reconocen. Ante esa reacción, el japonés le dice: “No te han reconocido porque nunca te han visto”.
Milan Kundera narra en El libro de los amores ridículos otra de las tantas formas de no ver aquello que está frente a nuestros ojos. Un hombre queda impresionado por la belleza de una mujer. Luego, al enterarse que ella lo culpa de algo que no ocurrió, comienza a buscarla, y la encuentra en su lugar de trabajo. Pero al verla, no la distingue. “El señor Zaturecky, cuando vio por primera vez a Klara (…) se quedó tan deslumbrado que en realidad no la vio. La belleza formó ante ella una especie de cortina impenetrable. Una cortina de luz tras la cual estaba escondida como si fuera un velo”, escribe Kundera. Y así termina: “No la reconoció porque jamás la había visto”.
Beirut - Cliquot (From the Flying CLub Cup).
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El único original de Antígona Vélez había sido extraviado por la actriz Fanny Navarro. A pesar de las insistencias del gobierno peronista, Leopoldo Marechal se negaba a escribir la obra otra vez. Hasta que hubo un llamado. Era Evita. Marechal fue “ganado por su encantamiento”, y trabajó durante una noche. Al día siguiente, se reunió con los actores en el Cervantes para comenzar los ensayos. La puesta en escena estaba a cargo de Enrique Santos Discépolo. Hoy, sesenta años después, Antígona Vélez se puede ver en el mismo teatro, con dirección de Pompeyo Audivert.
Marcha Peronista Jazz
(Fuente: youtube.com)
Dibuje, Kafka, dibuje.
Hay películas basadas en libros y hay las que nos llevan a otros autores. Pero también están las que incluyen las dos posibilidades. Recreando la novela de Marie-Sabine Roger, Mis tardes con Margaritte, protagonizada por Gérard Depardieu, es un camino de reflexión sobre los vínculos humanos, la vida y la literatura. ¿La excusa? Encuentros de lecturas en un parque entre un hombre de 110 kilos y una frágil anciana (Gisèle Casadesus), que frecuentan La peste, de Albert Camus; Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda; La niña de alta mar, de Jules Superville; y La promesa del alba, de Romain Gary. Germain apenas sabe leer, Margaritte tiene la cabeza llena de libros. Uno cultiva verduras; la otra, palabras. Los dos borran prejuicios. Ambos son sabios.