3.5.12 / En el Congreso nacional. A favor de la expropiación de YPF.

Camino de militancia

“Éste es el propósito del presente trabajo: dar respuestas tentativas a los interrogantes señalados, al amparo del privilegio que me otorga haber sobrevivido a esta historia represiva, y con la carga de responsabilidad que me cabe en ese largo camino recorrido por la militancia”, concluye Eduardo Luis Duhalde en el prólogo de Felipe Vallese, Proceso al sistema, libro que escribió junto a Rodolfo Ortega Peña en 1965, tres años después del secuestro y desaparición del militante metalúrgico, “uno de los símbolos más fuertes y perdurables de la Resistencia Peronista”. Hoy se fue el Duhalde, ese Duhalde, que merece nuestra memoria.

Mineros*

Por John Berger

Cuando una causa justa es derrotada, cuando se humilla a los valientes, cuando se trata a hombres probados en el fondo y en la boca de los fosos como si fueran basura, cuando se aniquila la nobleza y jueces en los tribunales aceptan mentiras y se paga a difamadores para que calumnien con sueldos con los que podrían vivir las familias de una docena de mineros en huelga, cuando la policía de Goliat con sus cachiporras sangrientas no está en el banquillo de los acusados sino en el Cuadro de Honor, cuando se deshonra nuestro pasado y se ignoran las promesas y los sacrificios con sonrisas maliciosas, cuando familias enteras comienzan a sospechar que los poderosos no escuchan razones ni argumentos, y no hay apelación posible, cuando de a poco se cae en la cuenta de que no importan las palabras que figuran en el diccionario, no importa lo que diga la reina o lo que informen los corresponsales en el parlamento, no importa el nombre que elija el sistema para enmascarar su desvergüenza y su egoísmo, cuando de a poco se cae en la cuenta de que Ellos están dispuestos a destruirnos, a destruir nuestra herencia, nuestro talento, nuestras comunidades, nuestra poesía, nuestros clubs, nuestro hogar, y si es posible, también nuestros huesos, cuando finalmente el pueblo cae en la cuenta de todo esto, puede que piense que ha llegado la hora del crimen y la venganza justificada. En largas noches de insomnio, durante los últimos años en Escocia, en Gales del Sur, en Derbyshire y en Kent, en Yorkshire, Northumberland y Lancashire, muchos, en vela durante la noche, pensaron, estoy seguro, que había llegado la hora. Y no hay nada más humano y más tierno que la visión de los piadosos ejecutando sumariamente a los despiadados. Esa palabra, “tierno”, tan plena de sentido para nosotros, es incomprensible para Ellos porque Ellos, sencillamente, no saben a qué se refiere. Esa visión comienza a recorrer el mundo. Los héroes vengadores aparecen en los sueños y pueblan las esperanzas. Los despiadados les temen pero yo, y tal vez tú, les damos nuestra bendición.

Yo mismo podría amparar a cualquiera de esos héroes. Y, sin embargo, si durante ese tiempo bajo mi amparo, uno de ellos me dijera que le gusta dibujar, o si fuese una mujer y me dijera que siempre le ha gustado pintar pero nunca ha tenido la oportunidad o el tiempo para hacerlo, si esto sucediera, creo que entonces diría: Si lo intentas, es posible que consigas lo que quieres de otra forma, sin que perjudique a tus camaradas y sin que se preste a confusión. No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor.

* Cada vez que decimos adiós (Ediciones de la flor, 2008)

Gogol Bordello - “Start Wearing Purple”

(Fuente: youtube.com)

Poetas en la tormenta

“En Perú, (Girondo) conoce a César Vallejo, pero sin que lleguen a verse las caras: ‘Pensaba desembarcar en El Callao y le había avisado a Vallejo que me estaba esperando en el muelle; pero mi barco no pudo arrimarse porque se había desencadenado una tormenta tremenda. Vallejo, enterado de esto, se arrimó a una lancha y yo no lo veía porque estaba muy oscuro, pero oía que me gritaba, ‘Girondo, Girondo’ y yo le gritaba ‘Vallejo, Vallejo’, pero no pasamos de ahí’”.

Francisco Urondo, En la másvida, Veinte años de poesía argentina y otros ensayos, Mansalva, 2009.

Mañana comienza el Segundo Festival de Poesía en la Escuela 2011. El miércoles leeré en el Liceo 1.

(Fuente: youtube.com)

Mañana presentan la revista del II Festival de Poesía en la Escuela.

El texto que sigue es el que escribí para la publicación:

Presencia de la música

Mis padres eligieron darme el nombre de Alejo, por Carpentier; Jacobo, por Regen; y Manuel, por Castilla. Así ando, con un cubano y dos salteños dando vueltas por la vida. 

En la casa donde me crié había una biblioteca grande. En mis primeros contactos con los libros, la poesía me resultaba extraña. Pero algo me llamaba la atención: la música de las palabras. Podía no entender ni un solo verso, pero me fascinaba el encanto que permanecía en mis oídos.

Siempre busco la música cuando escribo o leo. Hay música en todos lados. En la calle, en el campo, en un taller, en los diálogos de las personas.

Y la poesía también es música porque sin el silencio sería imposible. El silencio es otro de los recuerdos de mi infancia. Y en ese mundo, la poesía me llenó de presencia.

Cuando era chico, un poeta, amigo de mis padres, cada tanto aparecía por casa. A cualquier hora, sin aviso. Se quedaba con nosotros una o dos semanas. El hecho de que no avisara su llegada ni su partida, me descolocaba por completo. Pura incertidumbre. Ese hombre era diferente. Me gustaba su libertad, aunque no la comprendía. Pero en él habitaba la música, la misma música que escucho en los poemas de Regen y de Castilla.

Invisibles

En la novela La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, la encargada de un edificio de departamentos de lujo es invitada a cenar por uno de los vecinos, un japonés amable y discreto. Esa noche, la portera, que luce muy elegante, se sorprende porque unas propietarias del inmueble no la reconocen. Ante esa reacción, el japonés le dice: “No te han reconocido porque nunca te han visto”.

Milan Kundera narra en El libro de los amores ridículos otra de las tantas formas de no ver aquello que está frente a nuestros ojos. Un hombre queda impresionado por la belleza de una mujer. Luego, al enterarse que ella lo culpa de algo que no ocurrió, comienza a buscarla, y la encuentra en su lugar de trabajo. Pero al verla, no la distingue. “El señor Zaturecky, cuando vio por primera vez a Klara (…) se quedó tan deslumbrado que en realidad no la vio. La belleza formó ante ella una especie de cortina impenetrable. Una cortina de luz tras la cual estaba escondida como si fuera un velo”, escribe Kundera. Y así termina: “No la reconoció porque jamás la había visto”.

@agprandi

Beirut - Cliquot (From the Flying CLub Cup).

(Fuente: youtube.com)

Legados

El único original de Antígona Vélez había sido extraviado por la actriz Fanny Navarro. A pesar de las insistencias del gobierno peronista, Leopoldo Marechal se negaba a escribir la obra otra vez. Hasta que hubo un llamado. Era Evita. Marechal fue “ganado por su encantamiento”, y trabajó durante una noche. Al día siguiente, se reunió con los actores en el Cervantes para comenzar los ensayos. La puesta en escena estaba a cargo de Enrique Santos Discépolo. Hoy, sesenta años después, Antígona Vélez se puede ver en el mismo teatro, con dirección de Pompeyo Audivert.

@agprandi